miércoles, 22 de septiembre de 2010

Chusok 추석

Sí gente, lo sé, soy un vago con el tema del blog, ya llevo casi un mes en Corea y todavía no he actualizado. Pero no os voy a engañar, no voy a prometeros actualizaciones diarias ni semanales. Espero que lo comprendáis. :D

Hoy en Corea hemos celebrado el Chusok, una fiesta relacionada con la vendimia en la que se recuerda a los antepasados de la familia ofreciéndoles comida mediante una serie de rituales. Voy a aprovechar mi propia experiencia para ilustrar esta pequeña aportación cultural.

Ayer martes, hoy miércoles y mañana jueves no he ido a la universidad. No por vago ni por hacer campana, sino porque tanto el día del Chusok (que corresponde con el decimoquinto día del octavo mes del calendario lunar, gracias Sra Wikipedia) como el día anterior y el posterior son fiestas nacionales en Corea del Sur. Supongo que el Colega del Norte también lo celebrará, ya que por lo que me han contado la tradición tiene sus orígenes en la época del reino de Shilla. Este año he sido gafe y ha caído en martes, miércoles y jueves, qué se le va a jaser.

Si un día de cada día hay que levantarse a las 7 o a las 8... Pues aprovechando que es fiesta, ¿para qué gandulear y levantarse tarde? Los coreanos aprovechan el día del Chusok para levantarse a las 6 de la madrugada. Y sí sí, yo como buen cumplidor del “donde fueres haz lo que vieres”, me levanté a las 5:45am para quedar con mi buen amigo Buba (digo Jang) e ir a casa de sus familiares para invocar a sus antepasados. Tras equivocarnos de puerta un par de veces, dimos con la casa de los tíos de Jang (también llamados Jang), que nos recibieron con una sonrisa y en pijama. De hecho sólo estaban despiertos el padre de Jang (muy campechano el hombre) y su hermano mayor, que como la tradición indica, al ser el varón de más edad de la familia, tiene que ser él el anfitrión en este tipo de rituales. Al cabo de poco se levantaron el primo y la prima de Jang, y al rato la tía, una ajumma que, como todas las ajummas, tiene una mala leche que da miedo. Las ajummas, para quien no lo sepa, son las señoras coreanas cincuentonas que se hacen la permanente y visten con chandal y bambas. En realidad son buena gente, pero la verdad es que al principio asustan bastante.

Como es lógico y natural, los hombres nos sentamos en el sofá a ver la tele y las mujeres se fueron a la cocina a terminar de dar las últimas pinceladas a la comida que, como es habitual, habían preparado el día anterior. Cuando el tío Jang se quitó el pijama para ponerse un traje, sacaron una especie de biombo decorado con caligrafía china y lo pusieron en el comedor justo detrás de una mesa baja típica de Asia Oriental. Delante de la mesa encendieron un poco de incienso, y entonces el gran padre (así es como llaman al varón de más edad de la familia) empezó a traer los platos y a preparar el banquete para los antepasados de la familia. La colocación de los alimentos no es arbitraria, al parecer las frutas van en un sitio, el pescado en un lado, la carne en el otro, el color rojo en un lado, el amarillo en el otro, etc. Luego trajeron makgeolli (una especie de vino de arroz coreano, que a diferencia del sake japonés está super bueno), y el gran padre, arrodillado en muestra de humildad, lo sirvió en dos tazas para que los que ya no están con nosotros pudieran emborracharse a gusto a las 9 de la mañana (es lo que tiene estar muerto, nadie te mira mal si haces excentricidades de este tipo).

Una vez servida la comida, abrimos la puerta para que los espíritus entraran sin tener que traspasar las paredes (al parecer no les gusta hacer como Casper), y los hombres (y sólo los hombres) empezamos a hacer reverencias: empezando de pie, luego arrodillándonos, poniendo las manos en el suelo, apoyando la cabeza en el suelo, y levantándonos suavemente (suena a canción del verano pero no, no hay que menear el culo). Así dos veces por reverencia. Me comentaron que si por algún motivo algún día le hacía una reverencia a un coreano, que tuviera en cuenta que la reverencia doble sólo se le hace a los muertos, y que le hiciera sólo una porque si no se enfadaría (o se pondría a llorar, en el más tronchante de los casos).

Los Jang me dijeron que los espíritus se habrán llevado un susto de muerte al ver a un hueguguín como yo en casa, así que les ofrecimos también un poco de vino del que había llevado yo para agradecerles la invitación. Como no tenían sacacorchos, decidieron abrir la botella con... palillos. XDDD ¡No sé cómo, pero terminaron abriendo la botella! Impresionante el vigor de los coreanos.

En fin, hicimos como 10 o 15 reverencias (o sea, 20 o 30), y esperamos un buen rato a que los señores espíritus de los antepasados de Jang comieran a gusto. No debían tener mucha hambre, porque la comida quedó intacta (mejor para nosotros los vivos :D). La verdad es que yo pensaba que haríamos como con el caga-tió, que nos iríamos todos a otro cuarto a rezar y que cuando volviéramos ya no habría comida, pero por suerte no fue así y nos pudimos pegar luego un buen atracón.

Antes de comer, sin embargo, la tía de Jang cogió un poco de cada comida (un cacho de platano, un poco de pescado, una patita de pulpo, un par de uvas, un cachito de carne, algunas verduras, etc.) y las puso en un plato que posteriormente dejaría a los pies de la puerta de entrada de la casa. De este modo, los espíritus de aquellas personas que no tengan a nadie que les recuerde, ya sea porque no tuvieron descendencia o porque simplemente sus familiares no celebran el Chusok, pueden disfrutar también de la fiesta del Chusok. Hoy es, pues, un día importante para la comunidad gatuna, que deambula de puerta en puerta en búsqueda de estos manjares.

En la mesa teníamos un poco de todo: kimchi, arroz, sopa, verduras (hasta aquí nada extraordinario en Corea), pescado, carne, frutas varias, frutos secos, mi vino... Me recordó bastante a las reuniones familiares de Navidad o San Esteban, en las que uno come y come y la comida nunca se acaba (aunque hay que reconocer que el bibimbap de mi abuela no está tan bueno, será porque no le pone gochujang, ni arroz). La prima y la tía nos iban sirviendo a los hombres mientras nosotros comíamos, cosa que puede sonar machista, pero bueno, almenos al final tuvieron el privilegio de sentarse con nosotros a comer. Se ve que en las familias más tradicionales y conservadoras (y más ricas, también) los hombres comen en el piso de arriba, y cuando terminan, las mujeres pueden comer en el piso de abajo.

Y en fin, nos jartamos de comer y, cuando llegó la hora de irme, la tía de Jangquete se fue corriendo a su cuarto. Me estremecí al pensar que había ido a por la escopeta, pero al regresar al recibidor vi que se me acercaba y me daba 20.000 wones (unos 14€). ¡Y yo que pensaba que era malvada y cruel! Desde luego, nunca sabes que puedes esperar de una ajummá, siempre te sorprenden. Tras insistir lograron que aceptara el obsequio (soy catalán, aún no entiendo cómo ningún coreano se indigna ante tal aberración cultural), y sobre la una y media de la tarde llegué a mi casa para dormir la siesta.

Y bueno, esta ha sido mi experiencia Chusok, espero no haberos aburrido mucho. :)

A Barcelona

[Data real: 5/8/2010]

Malgrat la mandra descomunal que, com totohom sap, em fa posar-me a escriure un blog, crec que no és mala idea tenir-ne un d'obert per anar compartint de tant en tant experiències i impressions sobre la meva propera estada a la ciutat de Busan, Corea del Sud.


La situació és la següent:

Sóc estudiant de Traducció i Interpretació a la Universitat Autònoma de Barcelona des de fa tres anys i m'han concedit la plaça i la beca per cursar un any sencer a la Universitat de Pukyong (부경대학교). El passat mes de gener vaig gaudir de l'oportunitat de fer-hi una visita de tres setmanes gràcies al Winter Pukyong Cultural Exchange Program 2010, i per tant jugo amb l'avantatge que ja sé més o menys què és el que em trobaré.

Aleshores, som a dia 5 d'agost, i abans d'instal·lar-me a Corea tinc programat un viatge al Japó amb la Natasha. El meu avió surt el 17 d'agost a les 23.30, i el seu el 18 al migdia, i tots dos arribem el 19 a la tarda. Estem pendents, però, de la possible vaga de controladors aeris, que ens podria fotre bastant, però esperem que AENA cedeixi i no permeti que milions de passatgers ens quedem sense volar.

Com deia, volo primer cap a Tòquio, amb Aeroflot i fent una escala de 14 hores a Moscou. Com que 14 hores són moltes hores, vaig pensar que seria una llàstima no aprofitar l'ocasió per fer una visita ràpida a la ciutat, tenint en compte que, malgrat que ho odiï, fa tres anys que estudio rus. Com que els russos són molt guais, no expedeixen visats de turista als seus aeroports sinó que s'han de sol·licitar amb antelació a les ambaixades i els consolats, i és per això que fa 10 dies vaig sol·licitar un visat de trànsit. En principi me l'havien d'entregar avui, però quan he arribat els treballadors ja havien plegat i m'han fet fora de la finestreta a crits (literalment), així que ja hi tornaré demà. Mentrestant, el fum segueix envaïnt Moscou i em plantejo si de debò era tan bona idea aconseguir un visat per visitar la ciutat.

Només espero que, sigui com sigui, no ens quedem atrapats a l'aeroport de Barcelona i poguem volar cap a Tòquio. Doncs això, si tot va bé no escriuré res fins que arribi al Japó o a Corea.

I així queda inaugurat oficialment el meu nou blog, l'Ariranging.